jueves, 8 de mayo de 2014

La batalla de Borodino: Bonaparte ante las puertas de Moscú



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Por fin, el siete de septiembre, encuentra Napoleón Bonaparte y su desproporcionado ejército (aunque por estos momentos ciertamente diezmado) al Ejército ruso atrincherado en Borodino.

Captura de una batería rusa por el ejército de Napoleón, durante la batalla de Borodino.

- La fortaleza de Borodino: destruída


La gran fortaleza de Borodino es destruida por los ataques de Murat, Ney y de Eugène. Los puntos estratégicos han sido ganados uno a uno y la victoria parece inclinarse del lado francés. La batalla es terrible, muy cruenta y se producen grandes pérdidas por ambos bandos. Sólo faltaría un golpe final para que los rusos sufrieran la derrota decisiva cortándoles la retirada. Todos los generales dirigen sus ojos hacia el emperador que tiene que dar las instrucciones. Una orden suya y la Guardia entraría en combate destruyendo de una vez por todas a las tropas rusas.

+ Napoleón, enfermo, duda y no "remata la faena"


Pero, Napoleón está enfermo, muy acatarrado, tirita de fiebre y tiene que beber agua sin cesar. No se ha movido de su puesto en toda la batalla y permanece todo el día a caballo. Por primera vez duda y no quiere hacer entrar a su Guardia en combate, lo que habría cortado toda retirada a los rusos. Por primera vez ha pensado en el futuro de sus hombres y ha preguntado: "¿Y si hubiese mañana una nueva batalla, con qué la libraría yo?". Por la noche los rusos logran retirarse gracias a la niebla. Sin embargo, ahora sí que están abiertas las puertas de Moscú. Medio millón de hombres habían partido para llegar a este punto. Ahora, sólo cien mil estaban dispuestos a contemplarlo. Al día siguiente Napoleón descubre desde una colina las cúpulas doradas del Kremlin.