viernes, 14 de febrero de 2014

No es oro todo lo que reluce



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El bloqueo de los comerciantes ingleses, que pertinazmente se empeña en mantener está asimismo abriendo grandes grietas en la propia Francia. Desde los días gloriosos del consulado, sin embargo, París no había tenido un aspecto tan brillante y próspero. La legitimación monárquica que Napoleón Bonaparte había creído obtener con su matrimonio real y el nacimiento de su heredero, la había traducido creando una corte y una alta sociedad sociedad aún más esplendorosas que en los ya lejanos tiempos de los Borbones.

Marsella y Francia

- No es oro todo lo que reluce: el comercio se estanca


Pero en realidad este aspecto tan esplendoroso no es más que una apariencia. La realidad, la cruda realidad, es que los efectos perversos del bloqueo se dejan sentir con fuerza en toda Francia, donde cada vez más trabajadores se encuentran sin trabajo al tiempo que las cosechas parecen menguar a pasos agigantados. Los comerciantes, por otra parte, ven sus almacenes llenos de productos que no pueden exportar y todo el entramado económico de Francia parece que puede venirse abajo. La política de Napoleón Bonaparte no sintoniza en esta ocasión con las necesidades económicas del país. Y ya se sabe que de la gloria, si falta el pan, no se vive más que poco tiempo. El pueblo francés parece momentáneamente aletargado por los fastos de la corte y de la nueva sociedad imperial, en la que por cierto abundan los antiguos nobles rehabilitados, pero al mismo tiempo comienzan a temer que una nueva guerra, tan vez contra los rusos, se presente como inevitable. Después de esta "última guerra", la Europa francesa sería una realidad.