martes, 4 de febrero de 2014

La archiduquesa de Austria



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Si estaba claro que el proyectado matrimonio de Napoleón Bonaparte con la princesa rusa hermana del zar se trataba de una quimera, ¿por qué no intentar una alianza con Austria? Si le niegan por esposa a una gran duquesa, ¿no será mejor una archiduquesa? La corona austriaca está deseando la paz, por lo que no será muy difícil lograr su aceptación. Antes debe anular su matrimonio religioso, pero el Papa, única persona autorizada para hacerlo, se niega a ello. Napoleón exige a las autoridades eclesiásticas de París que usurpen el papel del pontífice y aleguen el carácter clandestino que tuvo la ceremonia antes de la coronación. Por fin, Bonaparte es libre de emprender un nuevo matrimonio que le pueda dar el heredero tan ansiosamente esperado.

Maria Luisa, archiduquesa de Austria

- Consentimiento de Austria al matrimonio con Napoleón


En febrero de 1810 Viena da su consentimiento al matrimonio. María Luisa no tiene ni gran belleza ni gran encanto, pero es una joven de sólo dieciocho años y desciende de una prolífica familia: sus abuelas han tenido dieciocho y veintidós hijos. Napoleón pronto se ha entusiasmado de entrar en la familia de los Habsburgo y tanta prisa tenía que organiza rápidamente su boda en Viena para el dos de abril, en la que es representado por Berthier. Cuando la nueva emperatriz se acerca a París, no puede reprimir su ansiedad y rompiendo todo el protocolo, salió a recibirla en un coche en medio de una noche tormentosa por la carretera de Saint Germain.

- Napoleón Bonaparte, padre de un hijo de María Walewska


Días más tarde recibe una noticia de Varsovia. María Waleska ha dado a luz un hijo varón. La gran alegría que siente le deja perplejo al ver que María Luisa aún no está embarazada, y manda venir a París a María. Sin embargo, transcurrido muy poco tiempo recibe la esperada noticia.

- María Luisa, por fin embarazada


La archiduquesa está al fin embarazada y el emperador, según escribe Metternich a Viena, "se halla en un estado de alegría difícil de describir". Un año más tarde, el veinte de marzo de 1811, María Luisa dio a luz a un varón. El hecho se anuncio con gran solemnidad al pueblo y al Senado, y se hacen rogativas por el heredero del trono que recibirá el título de Rey de Roma en recuerdo de la tradición del Sacro Imperio Romano Germánico que Napoleón cree haber reconstruido.