lunes, 13 de enero de 2014

La Paz de Tilsit



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El joven zar Alejandro no tiene más remedio que capitular y pide una entrevista a Napoleón. En el centro del río Memel, ante Tilsit, se ha anclado una gran balsa tapizada en la que se ha instalado una tienda empavesada y lujosa. Las banderas francesas y rusas flotan al viento y en cada orilla del río se encuentran en perfecta formación las tropas del emperador de Occidente y del emperador de Oriente. Tras una señal, dos embarcaciones parten al mismo tiempo de cada ribera. Ambos emperadores entran juntos en la tienda de la paz.

Paz Tilsit Napoleon Alejandro
Representación de la denominada paz de Tilsit, donde se negoció la derrota del zar Alejandro I de Rusia con Francia.

Los monarcas se examinan escrupulosamente. Napoleón piensa, al ver a ese joven delicado de rasgos inequívocamente afeminados: "Me será fácil ganarme a este hombre", y no se equivoca, pues antes de dos semanas ha conseguido firmar la paz y convertirse en aliados.

- La impresión de Napoleón sobre el zar de Rusia


Más adelante, Napoleón dirá de Alejandro:
"El emperador Alejandro es una de las figuras que atraen y que parecen hechas para ejercer un encanto personal sobre los que acaban de ponerse en contacto con ella. Si yo fuese hombre que me dejara llevar por impresiones puramente personales, podría ligarme a él de todo corazón. Pero, al lado de estas grandes cualidades intelectuales y de este arte de cautivar a cuantos le rodean, hay en él algo que no puedo definir. Es un no se qué que no podría expresar mejor que diciendo que le falta algo en todo. Lo más singular es la imposibilidad de prever lo que habrá de faltarle en un caso dado o en una circunstancia especial, pues lo que le falta varía hasta el infinito. [...] Si el zar fuese mujer, creo que haría de ella mi amante, pero no mi mujer.".

- La impresión de Alejandro sobre el corso Napoleón


Alejandro, por su parte, no se encuentra con el típico espadón revolucionario. Frente a él, ese pequeño corso presenta su cara más amable, más culta, más seductora y se da la paradoja de que el propio Napoleón Bonaparte se muestra más monárquico que el zar, quien tiene ideas que casi se pueden tachar de liberales al mostrarse como partidario de la monarquía electiva.

- El tratado de paz


El tratado de paz, como era costumbre de Napoleón en aquellos casos en que su victoria había sido absoluta, derrocha generosidad por parte francesa. Prusia perdió unos pequeños territorios y el único disgusto importante que recibió el zar, que extiende sus fronteras incluyendo a Finlandia, fue la creación del ducado de Varsovia, que fue la escasa compensación que Napoleón proporcionó a los desvelos de María Walewska.

Años más tarde, cuando ya se encontraba en su exilio en Santa Elena, preguntaban a Napoleón sobre cuáles habían sido los días más felices de su vida. Su respuesta fue:
"Quizás en Tilsit. Entonces me sentía victorioso, dictando leyes, teniendo a reyes y emperadores que venían a hacerme la corte".