viernes, 10 de enero de 2014

María Walewska



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A poco tiempo de su llegada a Varsovia se celebra una gran fiesta a la que acuden todas las damas de la alta sociedad polaca dispuesta a demostrarle al emperador la calidad de un pueblo que lleva tanto tiempo sufriendo. Napoleón ha saludado, como es su costumbre en las recepciones, a todos los presentes y se halla de un excelente humor.

Maria Walewska
María Walewska.

- Napoleón, ensimismado con María Walewska


De pronto, su mirada se fija en algo al otro lado de la sala e interrumpe la conversación. Todos siguen su mirada y descubren el objeto de su atención. Es una joven rubia y de aspecto dulce, tiene solamente dieciocho años y va vestida con más sencillez que la mayoría de sus paisanas. Napoleón la invita a bailar una contradanza. Ella se resiste, pero acaba cediendo.

- Bonaparte, flechado


Es la condesa María Walewska que está casada con un vejestorio millonario, cuya nieta más joven tiene diez años más que su esposa, y se destaca por su fervor patriótico. Bonaparte está flechado y al día siguiente, sin perder un instante, le escribe una nota:

"Sólo a usted admiré, sólo a usted deseo. Déme pronto una respuesta que calme el impaciente ardor de Napoleón".

Varsovia
Invierno en Varsovia.

Su ayuda de cámara, Duroc, regresa sin una respuesta. Pero, Napoleón no se da por vencido y le envía una segunda misiva, aún más apremiante:
"¿Le he desagradado, señora? ¡Y yo que pensaba lo contrario! ¿Me he equivocado? Mi pasión crece a medida que su afecto hacia mí disminuye. ¿Me roba usted el reposo! ¡Ah, dé usted un poco de alegría y de felicidad a un pobre corazón dispuesto a adorarla! ¿Es tan difícil obtener una respuesta? Dos me debe usted ya. N.".

- La condesa Walewska, firme ante Napoleón Bonaparte


Le parece imposible ser rechazado, él, todo un emperador. Sin embargo, la condesa Walewska se mantiene firme. Durac es enviado de nuevo y, enterado del patriotismo de la condesa, le asegura que su cercanía el emperador facilitará que Polonia pueda obtener al fin su libertad. El propio Napoleón le escribe una tercera carta en la que sugiere que el destino de Polonia se encuentra en sus manos:
"Hay momentos en la vida en que una posición social demasiado elevada pesa como una carga, y es lo que siento yo ahora. ¡Ah, si usted quisiera...! Sólo usted puede apartar los obstáculos que nos separan. Mi amigo Duroc le facilitará los medios. ¡Oh, venga, venga! Todos sus deseos serán cumplidos. Cuando usted tenga piedad de mi pobre corazón, su patria me será más querida. N.".
De repente, todo se ha paralizado. El repentino enamoramiento le ha sacudido con una fuerza que él mismo no podía controlar. Despide a sus secretarios y cancela toda actividad. Se pasea en solitario por los salones de Palacio de Real de Varsovia presa de una sorda tristeza. Después de diez años de indiferencia amorosa Napoleón arde en deseos de poder entregarse al abandono del amor. ¡Que esperen los generales y los mensajeros! ¡Que espere el ejército! ¡Que espero Europa entera! A esa misma hora María Walewska se encuentra rodeada de todos sus amigos y parientes, quienes le aconsejan que ceda por el bien de Polonia. Finalmente accede a sacrificarse por su país.

En la primera entrevista un fogoso Napoleón pretende hacerla suya al momento. María se resiste y se deshace en llanto. Napoleón se da cuenta de su zafiedad y le pide disculpas y la consuela intentando por todos los medios complacerla y seducirla. La cita dura tres horas y Napoleón no ha podido apagar su llama. Serán necesarias otras tres citas para conseguir hacerla suya. Desde entonces no dejará de verla a diario. Se ha metido en su corazón endurecido. Por fin ha encontrado una mujer que no pretende nada de él, a excepción de compasión para su pueblo.