martes, 21 de enero de 2014

Las hermanas del zar Alejandro



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No del todo satisfecho con la palabra del zar Alejandro, Napoleón Bonaparte intenta en los próximos días asegurarse el cumplimiento de todo lo hablado en Erfurt.

- Preocupaciones dinásticas para Napoleón


Nuevamente, sus preocupaciones dinásticas le acosan. Ahora sabe que puede ser padre y que, por lo tanto, será capaz de engendrar un heredero que le suceda en el trono imperial. Josefina no puede tener hijos y ¿qué mejor forma de fundar una dinastía que uniéndose a una princesa de sangre real? Esa noche, ya en la cama, llama a Talleyrand y le confiesa sus reflexiones:
"Mi destino lo exige y la tranquilidad de Francia me lo pide. Carezco de sucesor. José no es nada y no tiene hijas. Soy yo quien debe fundar una dinastía; sólo puedo fundarla aliándome a una princesa que pertenezca a una de las grandes casas reinantes de Europa. El emperador Alejandro tiene hermanas; hay una cuya edad me conviene. Hable de esto a Romanzeff; dígale que una vez terminado mi asunto de España, me pondré del todo de acuerdo con él respecto al reparto de Turquía; no le faltarán a usted otros argumentos, pues sé que usted es partidario del divorcio.".
Congreso Erfurt Napoleon Bonaparte
Napoleón Bonaparte no se fía demasiado de lo dicho en el Congreso de Erfurt (foto), e intenta buscar una vía para ello.

- Talleyrand informa al zar Alejandro


Talleyrand cumple diligentemente su encargo al día siguiente, pero le da un consejo bien diferente al zar Alejandro y le explica con claridad las intenciones de Napoleón. Alejandro responde adelantando cuál será su estrategia para no ofender a Bonaparte:
"Si sólo se tratase de mí, gustosamente daría mi consentimiento, pero mi madre ha conservado sobre sus hijas un poder que yo no debo dejar de reconocer".