jueves, 23 de enero de 2014

Un año decepcionante para Napoleón



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No parece ser el año de Napoleón. Su estrella ha cambiado y en Erfurt nada le ha salido bien. No ha conseguido del zar Alejandro un protocolo firmado y tampoco su hermana Catalina, que pronto será casada a toda prisa con el príncipe Holstein, como prometida.

Napoleon, resignado y decepcionado

Ni siquiera ha sido capaz Napoleón Bonaparte de conseguir que Goethe vaya a París para reflejar la grandeza de su imperio. Ha derrochado su más mundana y cultivada inteligencia, pero ha sido para nada. Napoleón, que había conseguido también tantas victorias en el terreno de la diplomacia, esta vez ha tenido que ceder y retirarse sin obtener nada más que difusas promesas de las que nadie se atreve a garantizar su cumplimiento.

Pero, la hora del adiós ha llegado y los dos emperadores se despiden con un abrazo ante la mirada expectante de los demás reyes y príncipes europeos. Sólo una persona ríe en su interior: Talleyrand, quien ha logrado en esta cumbre de Erfurt, contaminar la aparente amistad entre Alejandro y Napoleón y sentar las bases para consumar su gran traición. Desde estos días, el diplomático cojo servirá informes confidenciales al zar y también al temible Metternich, el poderoso ministro austriaco.