viernes, 13 de diciembre de 2013

Meditaciones y dictados



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

De repente Napoleón se vuelve silencioso y se pone serio. Su cabeza está ya en su despacho, la antigua habitación de María Teresa, mujer de Luis XIV, a donde se dirige sin dilación. Pasa la tarde hasta entrada la noche trabajando y dictando sin cesar a Méneval.

- Napoleón Bonaparte gusta de meditar


En muchos momentos está sentado en silencio, royéndose las uñas y columpiando un pie:

"Medito mucho. Parezco siempre dispuesto a todo, a enfrentarse con todo, porque antes de emprender cualquier cosa he meditado largo tiempo y he previsto lo que puede pasar. No es un genio el que me revela de repente, en secreto, lo que he de decir y hacer en una circunstancia inesperada para los demás: es la meditación. Trabajo siempre, comiendo y en el teatro; por la noche me despierto para trabajar. [...] Cuando medito me entra una agitación penosísima. Me pongo como una mujer pariendo.".

Napoleon

- Los dictados de Napoleón 


No queda, sin embargo, sumido por mucho tiempo en sus meditaciones. De repente, se pone en pie y confianza a dictar paseando cada vez más agitadamente por su despacho. Menéval escribe aprisa, tomando las ideas más significativas que después ordenará y dará forma meticulosamente para ser sometidas a la aprobación del Emperador.

- El gran intelecto de Bonaparte


Bonaparte tiene una verdadera cabeza "de cajones" y es capaz de tratar a la vez asuntos tan dispares como la diplomacia, las fianzas o la marina. Cuando quiere crear una escuela militar en Fontainebleau dicta sin interrupción un reglamento de quinientos diecisiete artículos y cuando Josefina va a tomar las aguas a Aix, él mismo dicta veintiuna páginas detallando la estancia de la emperatriz en el balneario y todos los aspectos de su viaje. El pobre secretario Méneval lleva una vida de perros, como por otra parte la gran mayoría de sus colaboradores, pues el Emperador es tan exigente con los demás como consigo mismo. En ocasiones ha bromeado:

"El hombre al que yo hago ministro no tiene que poder ir a orinar hasta dentro de cuatro años".