miércoles, 4 de diciembre de 2013

La jornada de un Emperador



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Napoleón se hace despertar entre las seis y media y las siete de la mañana. Duerme profundamente y tiene gran facilidad para adormilarse donde quiera y por el tiempo que desee.

- Napoleón Bonaparte aprovecha el día


Según despierta hace abrir de par en par la ventana y se levanta canturreando uno de sus aires favoritos, el Mónaco. Con la cabeza envuelta en un pañuelo y en bata toma una taza de té y se sumerge en un caliente baño, pues cree que es eficaz contra el estreñimiento. Su secretario Méneval le lee los despachos y la correspondencia y recibe a su cirujano personal, con quien suele bromear brevemente. A veces, no tiene inconveniente en pasearse desnudo delante de sus íntimos como si fuera un héroe antiguo antes de que su ayuda de cámara le ayude a vestirse el uniforme de coronel de cazadores montados de la Guardia, verde con adornos escarlata, que ha decidido adoptar desde 1801.

Napoleon Emperador

- A las nueve en punto, trabajando con sus colaboradores


A las nueve en punto aparece en el gran salón donde le esperan sus ministros, príncipes, cardenales y los grandes oficiales del ejército. El Emperador va de uno a otro hablando de las cosas del día y demandando respuestas concisas y claras pues no le gustan los rodeos. Con su prodigiosa memoria y capacidad de clasificación es capaz de saltar de un tema a otro sin la menor pausa y sin que en ningún momento tenga un fallo de memoria.

- Audiencia matinales con Bonaparte


Una vez completado el círculo y retirados todos los presentes, dan comienzo las audiencias matinales. Nunca saluda a los demandantes y en muchas ocasiones clava su mirada en el infeliz y sin haber pronunciado palabra alguna, le despide con un gesto de la cabeza. A veces estas audiencias, aunque tienen un tiempo fijado de sólo una hora, se prolongan hasta dos y su jefe de comedor, Dunan, debe calentar su almuerzo al baño maría.