miércoles, 25 de diciembre de 2013

Austerlitz



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Después de Trafalgar el emperador Francisco y el zar Alejandro miden mal sus fuerzas. Napoleón ha entrado en Viena sin oposición y desde allí no cesa de hacer gestiones para conseguir una rápida paz. Pronto abandona la ciudad para dirigirse al campo de batalla.

Austerlitz


- Napoleón Bonaparte escribe a Talleyrand


En pleno mes de diciembre, cuando en Centroeuropa las intensas heladas cristalizan los ríos, Napoleón acampa con sus tropas y escribe a Talleyrand:

"Probablemente mañana habrá una gran batalla con los rusos, y eso que he hecho mucho por evitarla, pues será sangre vertida inútilmente. He mantenido correspondencia con el emperador de Rusia; todo lo que he sacado de ella es que es un hombre bueno y digno, manejado por los que le rodean. [...] Escriba a París, pero no diga nada de la batalla, pues esto no haría sino inquietar a mi esposa. No se alarme usted; me hallo en una posición fuerte; eso sí, me duele lo que costará y que sea sin objeto. [...] Comunique a París que, vivaqueo desde hace cuatro días en medio de mis granaderos, no tengo otra mesa que mis rodillas y, por tanto, apenas puedo escribir.".

- Napoleón prepara a la perfección la operación


Napoleón ha preparado escrupulosamente todos los detalles de la operación. Se informa del cauce de los ríos, de su anchura, del estado de los caminos. Cuando esa misma noche le cuentan los movimientos del Ejército ruso manifiesta sorprendentemente en su carácter una gran alegría:

"¡Han caído en la trampa, se entregan! ¡Pasado mañana por la tarde será mío ese ejército!".

- Austerlitz, una batalla terrible y sangrienta


El dos de diciembre, un año después de su coronación, amanece claro y transparente bajo el sol invernal en Austerlitz, los lagos están helados y la escarcha cubre las llanuras. La batalla es terrible y sangrienta y no se decide hasta que la artillería de Napoleón rompe el hielo a cañonazos después de haber empujado a los rusos hacia los estanques helados. Su arenga del día demuestra la exaltación absoluta de alguien que se cree infinitamente superior a todos los mortales, así como el extraordinario conocimiento de la psicología de sus soldados:

"¡Soldados, estoy contento de vosotros! [...] Os bastará decir: "Yo estaba en la batalla de Austerlitz" para que os contesten: "Este es un valiente". [...] Dad mi nombre a vuestros hijos, os lo permito, y si entre ellos se encuentra alguno digno de nos, y le lego todos mis bienes y le nombro mi sucesor".

Dos días después recibe en un molino al emperador Francisco. Tienen la misma edad y ambos han alcanzado poder, aunque por muy distintas vías, a los veinticinco años. Su encuentro comienza con una esgrima verbal llena de ironía. Napoleón le dice: "Os recibo en el único palacio que habito desde hace dos meses". El emperador Francisco contesta: "Saca usted tan buen partido de él, que se debe halla muy a gusto". Es la primera vez que se encuentran y llevan diez años de guerra. En una carta a París, Napoleón explica el encuentro tras la batalla:

"Ayer vi en mi campamento al emperador de Austria. Conversamos durante un par de horas. [...] Ha querido rendirme por los buenos sentimientos, pero me he defendido en este género de guerra que tampoco me es muy difícil. [...] Mi batalla de Austerlitz es la más hermosa de las que he librado: cuarenta y cinco banderas, más de ciento cincuenta piezas de artillería, los estandartes de la guardia rusa, veinte generales, treinta mil prisioneros, más de veinte mil muertos. ¡Atroz espectáculo!".