miércoles, 13 de noviembre de 2013

El secuestro del duque de Enghien



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Sin perder un instante comienzan los preparativos para secuestrar al duque de Enghien. Como si tratara de una gran batalla, se cuidan hasta los más nimios detalles: trescientos dragones penetrarán en el gran ducado de Bade y se apoderarán del príncipe traidor. Todo se lleva en el más absoluto secreto y cuatro días más tarde el duque se encuentra preso en la fortaleza de Vincennes. No hay pruebas concluyentes de su culpabilidad, a excepción de la declaración de uno de los inculpados, pero Napoleón está dispuesto a obrar con severidad y Talleyrand, su principal consejero, le incita a llevarle ante un consejo de guerra. Napoleón accede y él mismo redacta las preguntas que debían hacerse al prisionero. El duque de Enghien ha afirmado: "¡Un Condé no puede regresar a su patria sino con las armas en la mano!".

Secuestro duque enghien

El duque de Enghien es condenado a muerte y fusilado en la madrugada siguiente. La rapidez e ilegalidad de esta acción, secuestrando en territorio extranjero al joven príncipe ha sido visto como una provocación en el resto de Europa. A partir de ahora todos están decididos a acabar con la dictadura de Napoleón Bonaparte, pero éste tiene muy claras sus razones para haber actuado así. Al día siguiente de los hechos había un gran silencio durante la comida en casa del primer cónsul. Nadie había hablado apenas durante el transcurso de la misma, pero a los postres, cuando iban a levantarse para abandonar la mesa, dijo como si fuera un pensamiento en voz alta: "Al menos, verán de lo que somos capaces, y, de aquí en adelante, nos dejarán tranquilos".

Poco después de la comida continuó con sus reflexiones:

"Estas gentes querían introducir el desorden en Francia y matar la Revolución en mi persona: yo me he visto obligado a defenderla y vengarla. [...] El duque de Enghien conspiraba como cualquier otro y ha sido preciso tratarle como a cualquier otro [...]. Yo he vertido esta sangre porque tenía que hacerlo, y probablemente me veré obligado a verter más aún; pero, lo he hecho sin cólera, simplemente porque la sangría entra en las combinaciones de la medicina política. Yo soy el hombre de Estado, y soy la Revolución francesa; lo repito y lo sostendré".