lunes, 11 de noviembre de 2013

Jacobinos y realistas



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La eficaz red de espionaje de Fouché alerta al primer cónsul. Los monárquicos Georges Cadoudal y el general Pichegru han llegado a Francia a bordo de un buque británico y el mismo general Moreau, portavoz de los republicanos, se ha sumado a la conspiración para acabar con la dictadura de Napoleón Bonaparte. Éste, con las pruebas que han reunido sus espías, denuncia la conjura y manda detener a Moreau, Pichegru y el resto de conspiradores. Indulta a Moreau, a quien manda a América, Pichegru se ahorca en su celda, Cadoudal y otros trece conjurados son condenados a muerte. En Europa la denuncia de la conspiración ha caído como una bomba y siguen los acontecimientos con el mayor interés, dada la supuesta implicación británica.

Jacobinos

- Los Borbones, en el punto de mira de la conspiración


Pero, durante el interrogatorio de los detenidos uno de ellos ha pronunciado el nombre de Borbón. ¿Un Borbón en la conjura? Talleyrand le informa de que el duque de Enghien, un Condé, vive cerca de la frontera, en el gran ducado de Bade. No hay más que hablar. Él debe ser sin duda la cabeza de la rebelión, pues recibe una pensión de los ingleses y, además, qué hace tan cerca de Francia si no es conspirar contra la Revolución. Hay que actuar con energía para que los Borbones dejen de turbar la tranquilidad de Francia. Hay que dar un escarmiento a la familia real en el exilio para que se dejen de tentativas inútiles para recuperar el poder.