lunes, 18 de noviembre de 2013

La boda religiosa de Napoleón



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La obsesión de Napoleón Bonaparte de dar a su régimen la más alta estabilidad le lleva a pedir al papa Pío VI que consagre y proceda a la coronación del Emperador de los franceses. Pío VI, cuyo gobierno en Italia se siente amenazado permanentemente por Francia y cree, por otra parte, que es necesario reafirmar el Concordato recientemente firmado, accede a ello. Será la primera vez que un Papa acceda a salir del Vaticano para consagrar a un monarca, pues Bonaparte, en su emulación de los modelos anteriores, se cree en la obligación de separarse aún de ellos para reafirmar ante el mundo la legitimación de su gobierno y obliga al Santo Padre a acudir a París.

Bonaparte Napoleon

- Napoleón cede al matrimonio religioso con Josefina


El recibimiento que obtiene de Napoleón, quien al recibirle a las puertas de París no le ha presentado las debidas muestras de respeto ni ha besado su anillo, no le satisface en absoluto pero no ha hecho un viaje tan largo para nada y está dispuesto a llegar hasta el final de la ceremonia. Sólo Josefina, quien pretende utilizar el acto en su beneficio, parece mostrarle la debida devoción y le hace la confidencia de que Napoleón y ella no han sido casados convenientemente por la Iglesia. Es un grave inconveniente, el Papa exige el matrimonio religioso para coronarla emperatriz y Napoleón, atrapado por las circunstancias a poco tiempo de los solemnes actos, no tiene más remedio que ceder.

- Josefina y Bonaparte, casados sin testigos


Dos días antes de la ceremonia, el viejo tío Fesch, que ha recibido por las influencias de su sobrino el capelo cardenalicio, celebra un apresurado casamiento sin testigos que pudiesen esbozar la más tímida sonrisa, ante una pareja que hace ocho años había renunciado, en sintonía con sus tiempos, a oficializar su relación. Josefina está radiante porque será emperatriz.