viernes, 22 de noviembre de 2013

El águila imperial



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Todos los testigos de la coronación coinciden en que Napoleón estaba pálido y resplandeciente y que se "acentuaba su semejanza con el emperador Augusto". Sin embargo, en su creciente megalomanía, el reciente Emperador había llegado hasta a usurpar las funciones del Papa con un sólo gesto. Tenía claro, siempre lo tuvo, que él había llegado hasta allí con sus propios méritos y, por lo tanto, a la manera de sus héroes clásicos a quien nunca había dejado de admirar, la única persona autorizada moralmente a coronarlo era él mismo.

Aguila napoleon bonaparte

- Bonaparte, escéptico ante tanta ceremonia


Sin embargo, su escepticismo y distanciamiento de ceremonias de este tipo le continúan aportando una gran dosis de lucidez. Esa misma noche, durante una conversación privada con Decrès, expresa con claridad su alejamiento de las pompas que acaba de presidir:

"He venido al mundo demasiado tarde; los hombres están demasiado ilustrados. ¡Ya no se puede hacer nada grande! [...] ¡Qué diferencia con la antigüedad! Piense usted en Alejandro: después de haber conquistado Asia y de haberse anunciado a los pueblos como hijo de Júpiter, todo Oriente le creyó, a excepción de su madre, Aristóteles y unos cuantos pedantes de Atenas. Si yo me declarase hoy hijo del Padre Eterno y anunciara que voy a ofrendarle una acción de gracias, no habría una sola pescadora de París que no silbase al pasar.".

- El escudo de Napoleón Bonaparte: un águila con las alas desplegadas


Unos días después, cuando le presentan un boceto para el escudo imperial en el que se representa a un león en reposo, Napoleón Bonaparte tacha enérgicamente el dibujo y escribe en el margen: "Un águila con las alas desplegadas". Su fidelidad a los símbolos clásicos ilustra con precisión cuáles eran entonces sus pensamientos.