sábado, 24 de agosto de 2013

El Concordato



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Una vez liquidadas por el momento las diferencias con Inglaterra en el Tratado de Amiens, Napoleón se sintió con autoridad suficiente como para acabar de restablecer la religión católica en Francia. Durante todo este tipos habían continuado sin cesar las conversaciones entre París y Roma y ya era tiempo de imponer la paz religiosa. El Concordato que había sido firmado en enero de 1801, fue firmado un año después, el 8 de abril de 1802, y diez días más tarde, se celebró un Te Deum en Notre-Dame para festejar tanto la paz del Tratado de Amiens, como el restablecimiento de la religión. El pueblo francés creía que el tiempo de las guerras se había terminado y que se abría una era de paz y prosperidad. Napoleón se había convertido en una especie de semidiós.

Delante de la catedral, el arzobispo de París, acompañado de treinta obispos, esperaban a Napoleón que llegó en carroza con lacayos de librea. Algunos de los oficiales de Napoleón reprobaban el acuerdo con la Iglesia y pusieron de manifiesto de descontento. Bonaparte tuvo que ordenar enérgicamente su asistencia al acto, y el general Delmas, cuando alguien preguntó su opinión, afirmó taxativamente: "Sólo faltaban los cien mil hombres que han muerto para abolir todo esto". Realmente, se habría cubierto un largo camino para regresar finalmente al mismo punto de partida. Pero, en las calles, todo esto gustaba y las gentes celebraban tanto la paz, como que el domingo volviera a ser fiesta.