sábado, 6 de abril de 2013

San Juan de Acre



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Ya en plena campaña de Siria, Napoleón se adentra rápidamente en la región y toma Jaffa. Vence en el monte Tabor, pero fracasa ante San Juan de Acre que estaba defendido por su antiguo compañero de Brienne, Phélipeaux, que estaba al servicio de los ingleses. Las murallas son resistentes y Napoleón no dispone de una artillería adecuada. En esta campaña Napoleón se ha mostrado como un soldado cruel. Si en Italia sólo había reprimido a la población por razones de seguridad, aquí en Siria está desenfrenado y manda quemar casas y cosechas tras él, a su retirada, y ordena matar a los prisioneros que no puede transportar. "Un hombre de estado no tiene derecho a ser sentimental", es una de las máximas que ahora cree oportuno recordar. A su regreso, sin embargo, logra vencer al turco de Abukir, en el mismo lugar donde Nelson había destruido a su flota de la que ahora sólo le quedan dos barcos, lo que le permitirá presentarse en Francia como vencedor de los mismos.

Pero, Napoleón está cansado del sueño oriental. Necesita a Francia, pues con sus fuerzas actuales no se ve capaz de llegar más lejos en Asia, y para poder regresar tiene que saber qué es lo que sucede con exactitud en París. Todos sus mensajes son interpretados por los ingleses, que sólo le permiten recibir algunos periódicos en los que se habla de sucesos negativos para su país. Italia parece perdida, el enemigo avanza por el Rhin, existe una amenaza de invasión... Todo indica que en París tienen necesidad de él. Pero, ¿cómo hacerlo si casi ninguno de sus mensajeros logra pensar el cerco británico que estrecha el Mediterráneo?