lunes, 8 de abril de 2013

Otra vez Josefina



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Josefina, que ya había dado por olvidado a su marido en medio del desierto, está aterrorizada. Hace meses que no tiene noticias suyas y no imagina cuál puede ser su reacción. Intuye, por la actitud distante que José y los amigos de Napoleón mantienen hacia ella, que su marido está enterado de sus relaciones con Charles y de su vida disoluta. Sin embargo, le espanta una vida alejada de la gloria y separada del lujo y de la adoración. Toma una resolución desesperada y se acerca a la residencia donde Napoleón se ha instalado.

Tras muchos ruegos y algún soborno, los criados la permiten cruzar la verja. Napoleón se ha encerrado en sus aposentos. Josefina sube decidida al primer piso y llama con suavidad a la puerta. Napoleón no contesta, Josefina insiste esta vez con voz acariciadora. El silencio es total. Josefina suplica y llora con sollozos desgarradores. Napoleón esconde la cabeza bajo la almohada para no oirlos. Josefina ya ha caído en una especie de crisis histérica y permanece acostada junto a la puerta gimiendo desesperadamente. El corazón de su hombre parece apenas inamovible.

Pero, en realidad, Napoleón está llorando y dudando en ese preciso instante. Entonces, Josefina urde una treta a sus hijos para que conmuevan a Napoleón. Da resultado. Instantes después aparece en la puerta y Josefina se arroja en sus brazos. Una vez más parece haber vencido, pero en esta ocasión la realidad es que ella ha sido la derrotada y a partir de ahora ella será la sometida.