viernes, 12 de abril de 2013

El golpe de Estado



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Talleyrand y Luciano recomiendan a Napoleón que se una a Sieyès, ya que se conocimiento de las leyes le pueden proporcionar una coartada legal. Napoleón ve bien pensada esta opción y está dispuesto a aceptarla. No quisiera ser puesto en el poder por las bayonetas. El plan era el siguiente: El 18 Brumario, el Consejo de Senadores sería convocado por la mañana sin avisar a los miembros pertenecientes a la oposición. Se les informaría de que una peligrosa conspiración estaba en marcha y de que corrían peligro para trasladarlos a Saint-Cloud donde estaría protegidos por las tropas de Napoleón. Una vez allí, se les coaccionaría para que aprobaran una nueva Constitución y eligieran un gobierno de tres cónsules: Napoleón, Sieyès y Roger-Ducos.

La primera parte de la operación salió como esperaban. Sin embargo, el 19 Brumario la situación se hizo más difícil. Como le dijeran que el debate se estaba complicando decidió intervenir con gran torpeza. En el Consejo de los Quinientos llegaron incluso a pedir que se le declarara fuera de la ley. Napoleón sufrió un colapso nervioso y los granaderos que le protegían tuvieron que sacarlo de la sala. Cuando recobró el sentido, montó en su caballo y pidió a la tropa que interviniera asegurando que habían querido asesinarlo.

Los soldados dudaban, ya que habían recibido una orden en el sentido de que debían detenerlo. Pero, entonces, intervino su hermano Luciano, que en los últimos años se había destacado como orador en los círculos jacobinos y ocupaba entonces la presidencia del Consejo de Los Quinientos. En virtud de su cargo tenía atribuciones para pedir la intervención del Ejército y así lo hizo hablando a los soldados como si fuera su propio hermano, con esa convicción que sólo los líderes saben emplear para dominar a las masas.

La tropa vitorea a los Bonaparte, pero no da un paso al frente. Luciano entonces arranca a un oficial la espada y la dirige contra el pecho de su hermano:

"¡Juro atravesar el pecho de mi propio hermano si alguna vez llega a atentar contra la libertad de los franceses!"

Este gesto melodramático arrebata a los soldados y Murat da la orden de entrar a disolver el Consejo gritando: ¡Muchachos, echadme a toda esa morralla de la sala". Los soldados riendo entran en el Consejo y a golpes planos de bayoneta desalojan a los diputados que intentaban defenderse. Luciano corre hacia Saint-Cloud y exagerando los incidentes logra que los senadores aprueben la nueva Constitución provisional y el nombramiento de los tres cónsules.