miércoles, 24 de abril de 2013

El Código Napoleón



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
El afán gobernante de Napoleón Bonaparte le llevó, desde sus primeros días en Versalles, a intentar el restablecimiento del orden que provenía en primer lugar de una ausencia de leyes, ya que éstas no se encontraban entre las herencias de la Revolución. Así impulsa de inmediato la redacción de un código civil, que más tarde se llamará Código Napoleón, en el que se establecen unos principios que permanecerán vigentes durante más de un siglo en Francia y en los países conquistados y que inspira aún la legislación de todos los países civilizados.

En este código napoleónico se recoge por primera vez el derecho de gentes: no más títulos hereditarios, todos los hijos tienen el mismo derecho a la herencia, todos los padres están obligados a sufragar las necesidades de sus hijos, matrimonio civil y las limitaciones al divorcio, entre otra serie de novedades que sirven para consolidar algunos de los derechos adquiridos por la Revolución.

Procede rápidamente a una centralización de la administración y designa por todo el país, prefectos, subprefectos, alcaldes, todos ellos elegidos por el Gobierno. Este nuevo despotismo se ve inicialmente atemperado por la propia moderación del déspota que entonces piensa, acertadamente, que "mi política es la de gobernar a los hombres como desea la mayoría. Ésta es creo yo la manera de reconocer la soberanía del pueblo". Napoleón Bonaparte se ha instalado en Versalles para dar la sensación de que su poder no va a ser transitorio, para demostrar que tiene la voluntad de quedarse, y para eso no dudará en plegarse a cualquier situación que le facilite la tarea.

Pero, sin duda, el factor que con mayor importancia influyó en el resurgimiento del pueblo francés tras su toma del poder, fue la capacidad tan enorme de trabajo que logró desarrollar y hacer cumplir a sus más directos colaboradores. Napoleón trabajaba más de dieciocho horas diarias y no permitía que sus colaboradores se quedasen atrás en su dedicación a la cosa pública.