jueves, 14 de marzo de 2013

Rumbo a Egipto



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Napoleón se sumerge de lleno en los preparativos de su campaña y antes de partir se ocupa de entregar a José tres millones de francos que se ha traído de Italia con el encargo de que administre la fortuna y pase trimestralmente una suma a Josefina, para evitar su despilfarro. Esto molesta a su mujer, pero la alegría de recuperar de nuevo su libertad en París la llevan a aceptar el arreglo como un mal menor, y sonriente acompaña a Napoleón hasta Tolón y le despide en el muelle; éste se embarca en L'Orient, agitando un pañuelo blanco. Cuatrocientos veleros están dispuestos en la rada de Tolón dispuestos a iniciar su aventura. La salida ha sufrido un retraso a causa de una tempestad que ha supuesto la fortuna de la Armada francesa. Nelson, avisado por sus espías de las intenciones de Napoleón está al acecho y durante la espera ha sufrido la furia de la tormenta. Sus navíos han sido dispersados y tardan varios días en reunir la flota y poder continuar la persecución. Mientras tanto, Napoleón Bonaparte ha aprovechado el tiempo que le ha proporcionado su buena estrella y ha tenido ocasión de apoderarse de Malta y poner presto el rumbo hacia Alejandría. Cuando Nelson llega a Malta se encuentra furioso con la situación y despliega todo el trapo para dar alcance a los franceses. Tan rápido navega la escuadra inglesa que llegan a Egipto antes que Napoleón y, no no encontrándole allí, siguen rumbo a Siria.