sábado, 2 de marzo de 2013

Las razones de un triunfo



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Napoleón ha tenido la fortuna de haberse encontrado enfrente con enemigos que sin lugar a dudas estaban en la decadencia física y política. El general austriaco Beaulieu tiene setenta y dos años; el general Colli está gotoso y debe hacerse conducir en litera; Alvinczy tiene más de sesenta años; el general Wurmser es lento de movimientos y resolución y sordo, y el rey de Cerdeña es un anciano achacoso. ¿Qué pueden hacer estos hombre en contra de un joven y ambicioso general de veintisiete años, capaz de cambiar de cuartel cada día y que parece estar presente en todas partes?

El más viejo de los colaboradores de Napoleón apenas pasa de los cuarenta años y pronto establece un nuevo escalafón militar al recompensar con ascensos a cualquier valiente que se destaque en la batalla, haciendo caso omiso de su extracción social. Así, un humilde granadero es ascendido tras sólo tres batallas al grado de coronel. Con esa política personal Napoleón se ha hecho acreedor de la confianza ciega de sus hombres, pero aún hay una cuestión de mucha más importancia entre las razones de su rápida victoria. Y éste es el motivo por el cual los franceses han entrado en la contienda.