lunes, 11 de marzo de 2013

La paz de Campoformio



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El Directorio, tras verse fortalecido tras el golpe de Fructidor, pretendía establecer en Viena una República. Pero, Napoleón, de acuerdo con el ministro de Asuntos Exteriores, Talleyrand, propone un acuerdo más realista y razonable. Sin embargo, las negociaciones se prolongan ante la dificultad que tienen los príncipes europeos para tomar cualquier decisión. Es, una vez más, el propio Bonaparte quien tiene que imponerse fingiendo un ataque cólera y estrellando un jarrón el suelo para evitar que unas eternas discusiones le aten definitivamente en Italia y retrasen su gloria. Por la Paz de Campoformio los franceses se quedan con Bélgica, aunque la orilla izquierda del Rhin sigue siendo una cuestión pendiente que los franceses deberán negociar con los estados alemanes. Sin embargo, una sombra permanece en el horizonte político: Inglaterra no se ha sumado al acuerdo y es, por principio, hostil a toda fuerza hegemónica en el continente.

Pero Napoleón ya puede regresar a París. Su primera campaña militar ha sido espectacular. En tan sólo veintiún meses ha logrado algo que ya duraba tres años y con unos resultados que nadie podía esperar obtuviera un general tan inexperto y al que se le había confiado la misión con la secreta intención de que se alejara de la vorágine política.