sábado, 9 de marzo de 2013

El embarazo imaginario de Josefina



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El mismo Barras, que está enterado del acoso del general Bonaparte, se preocupa e insiste a Josefina para que acuda junto a él. Ella aún dilata su viaje y acude una vez más a los engaños. Primero, finge un embarazo falso que ilusiona a Napoleón; luego, se trata de una grave enfermedad que la retiene en cama y rodeada nada menos que por tres médicos. Murat es quien se encarga personalmente de transmitir estas artimañas que desolan profundamente al amante impaciente. Acto seguido escribe a su hermano José, el único a quien puede confiar su estado de ánimo:

"Estoy desesperado, mi mujer está enferma; no sé dónde tengo la cabeza, y horribles pensamientos agitan mi cerebro. Te suplico le prodigues todos tus cuidados. Después de mi Josefina, tú eres el único que todavía me inspira algún interés. Tranquilízame, dime la verdad; tú conoces mi amor arrebatado, sabes que nunca había amado, que Josefina es la primera mujer que adoro; su enfermedad me llena de desesperación. [...] Si ya se halla bien, si puede soportar el viaje, deseo ardientemente que venga; tengo la necesidad de verla, de estrecharla contra mi corazón; la amo con locura y no puedo permanecer lejos de ella. Si ella no me amase, no tendría ya nada que hacer sobre la tierra. ¡Ah, amigo mío! Haz de manera que mi correo sólo permanezca seis horas en París y regresa trayéndome la vida".

Comienza a sospechar de la infidelidad de Josefina y una tarde, durante una cabalgada, el delicado cristal de una miniatura de Josefina que siempre lleva junto a su corazón se quiebra. Napoleón es supersticioso y le dice a su ayuda de campo Marmont: "Marmont, mi mujer debe estar muy enferma o me es infiel". Poco a poco el demonio de los celos y la sospecha han hecho presa de él. Está a punto de dejarlo todo y se irrita ante la menor falta de disciplina. Presiona a sus oficiales ante la extenuación y exige a las tropas esfuerzos cada vez superiores. Barras ya está alarmado y, con la ayuda de José, logra meter a Josefina en una berlina y la manda rumbo a Milán. Con ella van José, Junot, su camarera Luisa, su perrillo Fortunato y el oficial Hipólito Charles, de quien ella no ha querido separarse.