sábado, 2 de marzo de 2013

Bandas, más que ejército



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Cuando Bonaparte llega a Niza para hacerse cargo del Ejército de Italia, se encuentra con una situación lamentable. Aquellos treinta mil hombres, a causa de la miseria increíble en que vivían, están constituídos más como bandas que como un Ejército regular. Sus enemigos, los austriacos y los piamonteses son más de ochenta mil. ¿Cómo conseguir la victoria prometida a la Convención si su ejército está desmoralizado, hambriento, sin ropa ni calzado, sumido en un verdadero caos? Por si esto no fuera suficiente, se encuentra con el menosprecio y la oposición de los generales Massena, Augerau y Berthier que, más antiguos que él en el escalafón, se sienten irritados porque un jovenzuelo sin experiencia, de pequeña estatura, con el pelo mal cortado y el cinturón tricolor "más que descuidadamente abrochado", pudiera dirigirles en un campaña que ellos no han sabido terminar. De hecho, el Ejército francés lleva más de tres años anclado en las mismas posiciones sin atreverse a cruzar el paso de los Alpes.

Pero, desde el primer momento la personalidad de Napoleón Bonaparte se impone. Su fría mirada, su actitud general, el timbre nasal de su voz mantienen a distancia a los "viejos mostachones" y logra imponer sus criterios con rapidez inusitada. Realiza una actividad frenética y durante los primeros días se cursan más de ciento veinte órdenes escritas relativas a la alimentación de sus hombres. Persigue la corrupción que rodea al ejército, reprime un motín en una brigada, levanta expedientes sobre robos de caballos y, además, mantiene seis combates con el enemigo, aunque en realidad se tratan más bien de escaramuzas. Pero, su primera intención está en ganarse el favor de sus soldados y con este fin les dirige una arenga estimulantes:

"¡Soldados!: estáis desnudos y mal alimentados. Mucho os debe el gobierno, pero, por ahora, no puedo daros nada. La paciencia y el valor que mostráis en medio de esas rocas son admirables, pero no os proporcionan la menor gloria ni provecho. Yo quiero conduciros a las más fértiles llanuras del mundo. Ricas provincias y grandes ciudades quedarán en vuestro poder. En ellas encontraréis honor, gloria y riqueza. ¡Soldados del ejército de Italia! ¿Será posible que carezcáis de valor y de constancia?"

Napoleón Bonaparte conoce la forma ampulosa de dirigirse a la tropa, inspirada por su modelos procedentes de Plutarco, pero los tiempos de arengas ya han pasado para unos soldados que se encuentran en tan lamentables condiciones.