viernes, 1 de febrero de 2013

El "General Vendimiario"



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Napoleón, que ya rechazó esta posibilidad cuando en tiempos de Robespierre se le sugirió que se encargara de la defensa de París, impuso condiciones que aunque les parecieron terribles a los revolucionarios, finalmente no tuvieron más remedio que admitir. El tiempo pasa y la posibilidad de que la asamblea sea disuelta por la fuerza, es inminente:
"Si me nombráis, yo seré el responsable y, por lo tanto, deberé tener libertad de acción. Si el general que me precedió en el puesto fracasó, culpa fue de los comisarios del pueblo. ¿O es que creéis que habrá que esperar a que el pueblo nos dé permiso para disparar sobre él? Puesto que sólo con nombrarme me habéis comprometido, justo es que me dejéis obrar como mejor me parezca".
En lo que queda de noche Napoleón convierte a la Convención en una fortaleza. Arma incluso a los diputados aterrorizados y un joven oficial que se llama Murat logra traer cuarenta cañones de grueso calibre. Poco antes del mediodía la defensa improvisada está lista y las fuerzas rebeldes de la Guardia Nacional junto con la muchedumbre enardecida avanzan en estrecha formación. La Convención sólo tenía ocho mil hombres, mientras que los rebeldes eran más de treinta mil, sin embargo su posición era más fácil de defender.

De pronto, Napoleón decide atacar. La sorpresa, una de sus principales tácticas le concede una victoria rápida y sangrienta. Ametralla sin piedad a la muchedumbre en las escaleras de la iglesia de Saint-Roch. Mata a más de cuatrocientas personas. Otros ataques en la plaza del Carroussel y en el Pont-Royal dispersan por completo a los rebeldes. Napoleón ha salvado a la Convención en menos de veinticuatro horas y se ha convertido en el "General Vendimiario", célebre por la rapidez de sus decisiones.