jueves, 10 de enero de 2013

Tiempos duros en París



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A Napoleón le ofrecen un puesto en el Ejército de la Vendée con el objeto de separarle de sus partidarios, pero rechaza este destino ya que le quieren destinar a infantería y esto, para un artillero, es casi una ofensa imperdonable. Esta negativa le coloca aún en peor situación y Napoleón pasa unos meses en París sumido en una honda depresión. Pide una excedencia con la excusa de sus fiebres y se queda en París, en el epicentro de la Revolución. Escribe a José:
"Estoy enfermo y tengo que tomar un descanso de dos o tres meses; cuando mi salud se restablezca, ya veré lo que hago".

Intenta unos negocios de exportación de libros con unos amigos, pero el desaliento cunde enseguida y su estado de melancolía le domina por completo. En un teatro, durante la representación de una comedia todo el mundo reía menos él. Laura, la pequeña hija de los Mermont donde el empobrecido Bonaparte se reúne con sus amigos corsos y almuerza gratis, le llama habitualmente "gato con botas" y le describe de una forma divertida, casi cruel:
"Era bastante desmañado e incierto; llevaba un sombrerote de copa hundido hasta las cejas, del que colgaban dos orejas de perro mal empolvadas, cayéndole sobre el cuello de su levita gris-hierro; sin guantes y con unas botas mal hechas y sucias...".
Incluso llega a hablar de un figurado suicidio. En otra ocasión, en una carta a su hermano José escribe:
"Tengo muy poco apego a la vida y la veo sin gran interés. Me encuentro constantemente en el mismo estado de ánimo en que se está la víspera de una batalla, y convencido como estoy de que la muerte está de por medio para acabar con todo es una inquietarse, todo me lleva a desafiar al destino. Y si esto continúa terminaré por no apartarme cuando pase un coche de caballos...".