sábado, 12 de enero de 2013

El gran turco



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En aquel mes de septiembre de 1795 Napoleón tiene la oportunidad de congraciarse con los mandatarios y de vengarse ofreciendo la captura de Salicetti, caído en desgracia, que se oculta en un lugar conocido por Napoleón. Sin embargo, Napoleón on duda en esta ocasión de mostrarse generoso con el caído, aunque tampoco deja pasar la ocasión de demostrar su benevolencia y escribe a Salicetti:
"Podrá devolverte el mal que me hiciste, y obrando así no haría sino vengarme, mientras que tú me hiciste mal sin que yo te hubiera ofendido. [...] Mi boca no pronunciará jamás tu nombre. Arrepiéntete y sobre todo date cuenta de mis motivos. Lo merezco, pues son nobles y generosos".
Pasada la página de Salicetti, Napoleón se entera de que el Sultán de Turquía contrata mercenarios franceses y en concreto que necesita oficiales de artillería. La oferta es tentadora y ya imagina su progreso al servicio del Gran Turco de quien se sabe que recompensa con generosidad los servicios. Pero una inesperada llamada del servicio topográfico del Ejército lo retiene en París y desprecia su oportunidad oriental. Si así hubiera sido, no cabe duda de que el destino de Europa y de Francia hubiera sido otro. Bonaparte está feliz y dispuesto a trabajar en todos sus proyectos. Extiende grandes planos topográficos en el suelo de su despacho y diseña un plan de campaña para la conquista de los Alpes y de Italia.

De repente, Napoleón se encuentra en medio del corazón de las decisiones tácticas del Ejército francés y comienza a desvelar los más secretos informes de la República. Un período de aprendizaje que pronto le sería de suma utilidad. Sus proyectos de una campaña en la Italia septentrional, contra Cerdeña y Austria, con una minuciosa descripción de la geografía alpina, su climatología, las costumbres de las gentes y las características generales de los territorios a invadir han sido admirados por sus superiores. Cuando el plan pasa al estudio del Comité de Salud Pública su diagnóstico no puede ser más adulador y desconsolador a un tiempo: "Proyecto excelente, pero irrealizable". A pesar de este traspié su prestigio y su conocimiento de las personas claves en la situación política francesa aumentan sin cesar estos días. Todo indica que el momento de Napoleón Bonaparte está a punto de llegar, de que el destino de Francia dará un brusco y definitivo giro y que los días de la Revolución ya pueden empezar a contarse.

Pero, esta felicidad pronto se le acaba. Un oscuro funcionario del temido Comité de Salud Pública despierta su expediente y Bonaparte es de nuevo borrado de los cuadros del Ejército. Nadie hubiera dado un franco por el destino del entonces ex-general de brigada.