lunes, 14 de enero de 2013

El ciudadano Barras



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El ciudadano Barras, el antiguo vizconde de Barras, un hombre alto y de rasgos nobles con blancos cabellos empolvados alborotados en las sienes, es uno de los escasos supervivientes del Antiguo Régimen en la sociedad revolucionaria, pero entre tanto político tortuoso aún conserva los modales de su buena crianza. En la Chaumière, la casa donde mantiene a su amante Madame Tallien, Barras ha tenido a bien recibir al sin empleo Napoleón entre el grupo de influyentes viciosos que asisten a unas extravagantes fiestas de carácter casi dionisíaco.

En el amplio salón decorado en forma de templo griego desfila ante sus asombrados ojos toda una muchedumbre de oficiales con fajas tricolores, lechuguinos con pelucas rubias, mujeres a la griega y a la romana, con las cinturas tan altas y vestidos tan etéreos que dejan los pechos al descubierto... Allí beben y ríen hasta altas horas de la madrugada como en una frenética huida de la sangrienta realidad que hasta hace poco les ha rodeado. Y allí se encuentran el propio Tallien, ejecutor de Robespierre, el sigiloso ex-abate Sieyès, el policía y traido Fouché, el pintor David, el músico Méhul... y una serie de mujeres elegantes escapadas a la cuchilla de la guillotina como la ciudadana Hamelin, la ciudadana Récamier y la viuda del general que fue presidente de la Constituyente, la ciudadana Josefina Beauharnais.