domingo, 13 de enero de 2013

Cambia la suerte de Napoleón



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Veintiún días después de ser retirado del Ejército, la Convención va a necesitar la ayuda de un general leal y capaz. Thermidor ha convertido a Barras en uno de los árbitros del régimen que comienza a moderarse y estabilizarse y redacta una nueva constitución. Pero querían impedir que la derecha pudiera lograr el poder de la nueva asamblea y para eso impusieron que los dos tercios de la asamblea fueran elegidos entre los miembros de la antigua Convención lo que genera un profundo descontento y provoca grandes disturbios en los bulevares. Desde la destitución de Robespierre la Guardia Nacional se ha puesto del lado de los insurrectos y tiene cuatro veces más efectivos que el Ejército gubernamental.

Barras es nombrado general jefe del Ejército, pero necesita a alguien experto en el arte militar y que sea de toda su confianza. Conoce y admira a Napoleón desde el sitio de Tolón y en más de una ocasión le ha dado pruebas de afecto y apoyo. Éste sabe que esa misma tarde la asamblea decidirá el nombre del nuevo jefe de la defensa y se acerca a las Tullerías después de un representación teatral en el Feydeau deseoso de ver si su nombre sale a relucir en el fragor de la reunión. El antiguo comisario de guerra Turreau fue el primero en citar su nombre: "¿Y por qué no Bonaparte?". Barras cree que puede fiarse de él y le ofrece ser el segundo comandante en la defensa de la asamblea.