miércoles, 31 de octubre de 2012

Una Aventura Sexual



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De sus días en París sabemos de sus innumerables gestiones para obtener satisfacción de su patrimonio, todas ellas infructuosas y que le convencen de la maldad del sistema y alimentan su rencor contra los franceses. Napoleón alimentaba continuamente sus veleidades literarias y dejó unas páginas en las que relataba su primer encuentro sexual durante estos días con una prostituta parisina. Tenía dieciocho años y su primera experiencia sexual le dejaría profundamente insatisfecho ya que, a semejanza de sus ídolos clásicos, no quería caer en la depravación de las costumbres:
"[...] Estaba en el umbral de aquellas puertas de hierro cuando mis miradas cayeron sobre una persona del sexo femenino. La hora, su aspecto y su gran juventud no me dejaron lugar a dudas: era una mujer de la calle. La miré. Ella se detuvo, no con arrogancia, sino con un aire que estaba muy de acuerdo con su ser. Esto me impresionó. Su timidez me alentó y le hablé... Le hablé, yo, a quien afecta más que a nadie lo odioso de su estado, yo que siempre me creo manchado por una sola mirada [...]"

Continúa su relato de la conversación que mantiene con la prostituta y deja en nebulosa el final de la escena, aunque sugiere que no está en absoluto satisfecho de su primera experiencia sexual. Este breve encuentro acentuó si cabe su misoginia y le mantuvo apartado durante bastante tiempo de las mujeres. Era preciso regresar a la isla y pide un nuevo permiso que tampoco le niegan.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)