jueves, 1 de noviembre de 2012

Teniente en Auxonne



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Tras medio año más en Córcega, donde la pobreza que ve en la isla y las estrecheces que sufre su familia no hace más que radicalizarlo en sus posiciones fracófobas, Napoleón no tiene más remedio que regresar a su destino ante el riesgo de que le den de baja en el ejército. Es ahora cuando Napoleón demuestra sus aptitudes para nadar y guardar la ropa. Sin embargo, su regimiento ha sido trasladado a la aburrida e insana ciudad de Auxonne, donde a poco tiempo de llegar sufre unas fiebres provocadas por el clima húmedo y pantanoso de la zona.

La rutina del ejército parece sentarle bien aunque se queja de su mala salud y afirma en una carta que "aquí no tengo más remedio que trabajar. Me cambio de camisa cada semana, duermo muy poco desde mi enfermedad, es increíble, me acuesto a las diez y me levanto a las cuatro. No como más que una vez al día". Y, ciertamente, trabaja mucho y lee con verdadera obsesión, pero no sólo esas obras de política que casi compulsivamente resume y anota en sus cuadernos, sino que se deja seducir por la literatura y relee a Corneille, Racine, Voltaire... al tiempo que ingresa en la Escuela de Artillería y seduce con su imaginación y clarividencia táctica a su director, el mariscal de campo Du Theil.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)