miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Juramento de Napoleón



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Napoleón se inscribe enseguida en la Sociedad de los Amigos de la Constitución, un grupo jacobino vinculado a París. En Valence, los oficiales se encuentran aún más divididos que en Auxonne y muchos piensan en el exilio antes que acatar el juramento que la Asamblea Nacional les impone. Napoleón no duda un instante y es de los primeros en suscribir el juramento. Su apuesta por la causa revolucionaria es cada vez más comprometida y se enfrenta a los oficiales partidarios del viejo régimen desaprobando sus intentos de emigración y censurándoles públicamente.

Napoleón quisiera estar en París para asistir en directo y tomar parte en los acontecimiento históricos que allí se desarrollan. Peor su falta de dinero le impide desplazarse a la capital e intenta conseguirlo a través de su tío, el archidiácono Luciano, que poco a poco ha ido amasando una pequeña fortuna:
"Enviadme trescientos francos; esta suma me bastará para ir a París. Allí, por lo menos, uno puede actuar, salvar los obstáculos. Me dice el corazón que triunfaré. ¿Queréis impedírmelo por falta de cien escudos?"

El anciano avaro ni siquiera contesta a la petición y Napoleón se ve obligado a frenar sus ambiciones por una simple cuestión económica. Nuevamente, como en todos estos años primeros de su vida, dirige la vista hacia Córcega. La Constituyente se va a disolver y se anuncian elecciones legislativas en toda Francia. Es preciso regresar una vez más ya que París aún queda muy lejos. El general Du Theil, que siempre ha protegido al joven teniente y admirado sus cualidades, le concede un nuevo permiso, esta vez de sólo un mes. El viejo general dice de Napoleón habitualmente que "es un muchacho de grandes condiciones, dará mucho que hablar", y nunca se ha preocupado excesivamente de sus tendencias tan radicales y extremistas que le han ido creando numerosos enemigos entre sus compañeros de armas.