viernes, 2 de noviembre de 2012

Estalla la Revolución



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Mientras tanto, su vena de conspirador despierta resueltamente en favor de su Córcega querida. Napoleón intuye que el fin del viejo régimen está próximo ya que es muy sensible al ambiente que se vive en las calles y piensa que estos movimientos populares pueden beneficiar a la independencia de Córcega. Proyecta en Auxonne un opúsculo antimonárquico y escribe en sus cuadernos: "Esquema de una Memoria sobre el poder de los reyes. Determinar las particularidades del poder usurpado de que disfrutan los reyes en las doce monarquías de Europa. Pocos merecerían no ser destronados...".

Es evidente que los nuevos tiempos igualitarios que se avecinan benefician a un joven como él que apenas tiene privilegios de clase y que ve en la Revolución una ocasión inigualable para labrarse su destino. Piensa que la hora de la venganza se aproxima e intenta un acercamiento a través de una carta que no obtiene respuesta a pesar del fervor corso que manifiesta. Paoli no se fía del joven teniente Bonaparte en quien cree apreciar una ambición sin límites y un orgullo fuera de lo normal.

Estamos en el tórrido verano de 1789 y la revolución estalla a lo largo y ancho de toda Francia. Napoleón se ha visto obligado a intervenir frente al pueblo en Seurre en el mes de abril, pero su actitud ha sido benévola y disolvió a la muchedumbre con una de esas frases altisonantes que ha aprendido en Valence que influyen en la gente sencilla: "¡Que la gente honrada se vuelva a sus casas! ¡No tiraré más que a la canalla!" Ha exclamado en medio de la confusión y las calles se vaciaron en poco tiempo. Pero a su regreso a Auxonne se encuentra con que la situación es explosiva por los acontecimientos de París. El diecinueve de julio el pueblo saquea las oficinas de Contratación y de Arbitrios y, aunque se le domina a punta de fusil, su regimiento ya está a favor de los revolucionarios y Napoleón, como los otros oficiales, tienen que sufrir los insultos de los cañoneros que se han gastado la caja negra del regimiento en las tabernas.

La sociedad francesa se halla en pleno proceso de descomposición y Napoleón piensa que ése es el momento histórico para salvar a su patria de la dominación francesa. Así pues, nuevamente solicita un permiso y se dirige con rapidez a Córcega tras recoger en Saint-Cyr a su hermana y encontrarse con José en Marsella.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)