sábado, 3 de noviembre de 2012

El Conspirador



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
El teniente Bonaparte desembarcó en Córcega inflamado del espíritu revolucionario creyendo que en su tierra ya habría germinado el odio al viejo régimen. Fue el primero en lucir la escarapela roja de los revolucionarios y su razonamiento era bien simple. Si los franceses habían logrado deshacerse del yugo de los reyes y alcanzado la libertad, éste era el momento anhelado en que los corsos debían luchar definitivamente por su independencia durante tantos siglos postergada.

¿Qué importaba, pues, que hasta entonces todos los favores alcanzados dependieran del favor de los invasores y de la nobleza de su cuna? Imbuido del espíritu prerromántico de la época, Napoleón se veía a sí mismo como el príncipe schilleriano capaz de acabar con las injusticias y crear un orden nuevo en su patria. Sin embargo, la situación en la isla no era tan favorable como había pensado. Con sus veinte años, este teniente del ejército francés se propuso socavar el orden establecido e imponer a toda costa la Revolución. Comenzó a recorrer las tierras corsas inflamando a las gentes que bien conocen a él y a su familia y bien pronto una muchedumbre le sigue en sus planteamiento. Piden una Guardia Nacional propia, como han hecho en París, que las tropas reales abandonen el poder y él, Napoleón, se propone como su jefe.

Los refuerzos que espera de las montañas no llegan y ante la formación de las tropas reales los revolucionarios se disuelven rápidamente. En París nadie se ocupa aún de esa isla en medio del Mediterráneo y Napoleón se propone recordársela en uno de sus hábiles gestos de conspirador escribiendo una instancia a la Asamblea Nacional. Son varias semanas de incertidumbre hasta que la respuesta anhelada llega a sus manos. Una decepción, la Asamblea Nacional, lejos de conceder la independencia a Córcega la asimila como provincia y Paoli y otros campeones de la libertad son liberados de su exilio y podrán regresar a su país.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)