lunes, 22 de octubre de 2012

Leticia Ramolino



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Cuando Paoli derrotado huye a Inglaterra, en un rasgo de generosidad intencionada el enemigo ofrece la amnistía a los maquis corsos. Leticia es de las primeras personas en aceptar la benevolencia francesa y admitir la derrota frente a un invasor demasiado poderoso y regresa a Ajaccio para dar a luz. Cuanta la leyenda que ya estando en su casa el 15 de agosto la urgencia del parto le impidió llegar a tiempo a su habitación y depositó al recién nacido Napoleón sobre una alfombra decorada con figuras clásicas en la antecámara, como si el pequeño estuviera predestinado a ocupar un lugar junto a ellas.

Era una mujer de rostro pálido y alargado, con ojos oscuros e inexpresivos pero con unos labios delgados que expresaban la determinación de su carácter frugal y sobrio, acostumbrado a llevar el peso de la familia ante el derroche y la imaginación de su esposo. Carlos, por una vez preocupado por el porvenir de los suyos, pronto se puso al servicio del propio general Marbeuf y colaboró activamente en la pacificación de la isla como eficaz colaborador del ocupante gracias a su posición de familia principal en Córcega y en Bocognano y Bastelica, donde tienen sus olivares y rebaños, viven como unos pequeños señores feudales, tienen gran número de partidarios y sus alianzas de familia les garantizan apoyos en toda la isla. Pronto sus desvelos con los franceses fueron recompensados y se le conceden unos viveros de moreras, otro de los productos estrella de la isla, y la desecación de unos pantanos.

Como miembro de los Estado de Córcega, Carlos viajó a Versalles a rendir honores a Luis XVI. A su regreso se mostró aún más dispuesto a colaborar con los franceses, pues veía por dónde se movía el futuro, y se dispuso a encabezar el partido progalo, deslumbrado por la corte versallesca. Ha llevado una recomendación del gobernador de Córcega y conseguido que se le reconozca el título italiano de nobleza que ostentan los Bonaparte. Además, el rey Luis le concede una pensión de dos mil libras y le otorga unas becas para sus hijos mayores para que estudien junto a la nobleza francesa, uno para sacerdote, José, y el más pequeño para soldado en la escuela militar de Brienne, Napoleón, mientras una de sus hermanas ingresa en el internado real de Saint-Cyr.

Algunos enemigos de Napoleón insinuaron que Leticia había sido complaciente con el general Marbeuf y que de ahí, precisamente, había venido la relativa fortuna de su familia. Es altamente improbable que esta relación se diese, ya que la rígida belleza de provinciana en nada podía atraer a un cortesano de Versalles como Merbeuf, ni sus estrictas costumbres lo hubieran permitido ya que siempre soportó con estoicismo las frivolidades de su marido. No obstante es cierto que Leticia trató al conquistador de Córcega como a un huésped de honor y un patrón que favorecía, en todo caso, sus intereses de clan y de familia.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)