viernes, 19 de octubre de 2012

Como una roca en el Mediterráneo



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A tan sólo ochenta y un kilómetros de Italia y 160 de Francia, justo enfrente del amplio golfo de Liguria, se alza una imponente isla, atravesada de norte a sur por un alto y rocoso espinazo de montañas que parte su tierra en dos, que recibe el nombre de Córcega. Sus gentes son orgullosas y reservadas aunque pobres, conservadores escrupulosos de sus tradiciones y obcecados en su dialecto, mezcla de italiano y árabe. Y, ante todo, amantes de su libertad e independencia por la que todas sus generaciones han luchado con ardor y pasión a lo largo de los siglos.

Esta joroba dorsal, esta cordillera abrupta y de imponente altura, el monte Cinto tiene 2.710 metros, está atravesada por estrechos pasos y gargantas profundas y cortada por numerosos precipicios, que dan al conjunto una salvaje belleza, y cubierta por un bosque mediterráneo, denso, bajo e intrincado, el maquis, que favorece las luchas y guerrillas de independencia ante cualquier conquistador. Los pasos que comunican las dos vertientes son escasos, difíciles y están a gran altura y las lluvias, abundantes en las montañas aunque escasas en las rocosas costas heridas por numerosas bahías y estrechos golfos, han creado unos ríos torrenciales y breve que han horadado sin piedad la montaña a lo largo de la eternidad de los siglos dándole ese bello aspecto hostil y salvaje, orgulloso y honesto.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)