jueves, 25 de octubre de 2012

Brienne



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Tan sólo pasó en Autun poco más de tres meses cuando es separado de su hermano José y trasladado a la escuela de Brienne, donde se encuentra sometido a un severo régimen disciplinario. Entonces la escuela tenía alrededor de ciento cincuenta alumnos provenientes, la mayoría, de la aristocracia francesa. Napoleón es a sus ojos un extraño, un extranjero pobre que apenas habla el francés y es objeto de burlas y puyas donde más le duele, en su honor de corso. Nuevamente tiene conflictos por este motivo y desafía a su condiscípulo, lo que le vale un arresto. Desde el calabozo, escribe a su padre:

Estoy harto de exhibir mi pobreza y ser el hazmerreir de unos chicuelos insolentes, que no tienen otra superioridad sobre mí que la de su fortuna, pues no hay uno solo que no esté cien codos por debajo de los nobles sentimientos que me animan. ¿Deberé, pues, continuar siendo el blanco de unos cuantos mequetrefes que, orgullosos de los placeres que pueden proporcionarse, insultan sonriendo mi indigencia y mis privaciones?

Los alumnos llevan un uniforme azul con las vueltas y el cuello rojo. Comen junto con los maestros en un gran refectorio y duermen en celdas separadas que dan a un inmenso pasillo. Han repartido entre los alumnos unas parcelas de tierra y Napoleón pronto se ha apoderado de la de dos compañeros y ampliados sus propiedades. Allí se refugia a leer y estudiar en una pequeña glorieta que él mismo ha construído, mientras rememora su infancia rural mostrando un gran cuidado por las flores. Nadie puede entrar allí sin su permiso y más de uno ha tenido que salir pies en polvorosa perseguido por un alterado Napoleón azada en mano.

En una ocasión en que es castigado a comer de rodillas en la puerta del refrectorio, el sentimiento de humillación es tan grande que sufre un ataque de nervios con vómitos y espasmos incluídos. Estudia y lee con voracidad y uno de sus profesores le califica de "granito calentado por un volcán". En las navidades de 1783, con la nieve invadiendo todos los rincones del vetusto colegio, propone a sus compañeros abrir unas trincheras y construir un fuerte para disputárselo posteriormente en dos frentes a pelotazos de nieve. Napoleón dirige con brillantez el sitio y desde entonces se gana el respeto de sus condiscípulos.

Fuente:
Napoleón Bonaparte, Grandes biografías (Juan Van den Eynde)