miércoles, 31 de agosto de 2016

La revolución francesa (IV): el Directorio

El Terror halló su fin cuando, el 9 termidor, Robespierre, que era su encarnación, sucumbió al asalto de los convencionales amenazados. Estos convencionales, que entonces se adueñaron del poder, eran en realidad terroristas que temían por sus propias cabezas. En su gran mayoría constituían aquellos hombres que desde el voto de enero de 1793 eran llamados regicidas. Al derribar a Robespierre, la mayor parte de ellos no habían pretendido poner fin al Terror, que, después de tanta sangre derramada, les parecía la única garantía de su poder, incluso de sus vidas.

Napoleon Bonaparte durante la campaña de Italia
J. A. Gros: NAPOLEÓN BONAPARTE EN ARCOLA. Este retrato, pintado a instancias de Josefina, lo realizó Gros durante la campaña de Italia en 1796-1797. Representa a Bonaparte en el momento en que, con una bandera en la mano, se lanza sobre el puente batido por la metralla e invita a sus soldados a seguirlo.

Pero el país, fatigado de este espantoso régimen, había interpretado el acontecimiento de modo muy distinto. Termidor significaba para la mayoría de los franceses el fin de aquella dictadura, que, bajo la amenaza de la guillotina, mantenía sojuzgado y atemorizado al pueblo entero. La reacción antiterrorista se había manifestado tan elocuente y unánime, que los termidorianos comprendieron que era necesario fingir que se asociaban a ella si no querían ser arrollados por la fuerza de aquel movimiento.

martes, 30 de agosto de 2016

Biografía de Napoleón (XIV): Austerlitz... pero Trafalgar

Contra la consagración del usurpador había protestado enérgicamente Luis XVIII. José de Maistre, en San Pertersburgo, hablaba de la "horrorosa apostasía" de Pío VII. El futuro autor del "Papa" se enfurecía hasta escribir: "Una vez que un hombre de su rango y de su carácter olvida hasta ese punto uno y otro, lo que debe desearse enseguida es que termine degradarse hasta convertirse en un polichinela inconsecuente". El Pontífice se reivindicará bien pronto de este juicio apasionado y de estos votos formulados en plena cólera. Se había engañado sobre el bien que podía seguirse para la Iglesia de una alianza con el nuevo Carlomagno. El Emperador no abrigaba tampoco menos ilusiones cuando se creía inviolable en su consagrada persona. Pero, de momento, ¿para qué servían las protestas, solemnes o vehementes? Para nada más, contra Napoleón, que para lo que más tarde habían de servirle al propio Bonaparte la unción y su entrada en el Olimpo de los Reyes. Soberanos de antigua estirpe le habían reconocido enseguida y le llamaban su hermano. Otros le reconocerían más adelante, le estrecharían en sus brazos, le recibirían en su familia, sin que nada esencial se cambiara, sin que nada se hiciera. Porque no se conseguiría nada en tanto que Inglaterra no aceptase, no solamente al Imperio, sino todo cuanto el Imperio representaba y lo que el Emperador tenía la misión de conservar a Francia. Y esto, jamás lo aceptaría Inglaterra.

Trafalgar y Napoleon Bonaparte

Las ideas se sucedían en la mente de Napoleón. Las admitía y las abandonaba con una rapidez que con frecuencia desconcierta. Se le creería tan pronto bribón como ebrio de orgullo cuando se debate en una situación inextricable cuyo autor no es él. Pero lo cierto es que tiene la obligación de sacar a Francia de ella, y en eso va a emplearse, por el crédito ilimitado que su país le otorga a fondo, hasta el absurdo, de tal modo que él mismo no podrá salir felizmente adelante.

sábado, 27 de agosto de 2016

La Revolución francesa (III): el jacobinismo triunfante

Desde la suspensión del Rey, el 10 de agosto, hasta la reunión, el 20 de septiembre, de la Convención Nacional, el país quedó sumido en la anarquía. La familia real fue encarcelada en el Temple, y las funciones regulares de Gobierno quedaron paralizadas. El hombre del momento fue Danton, que, a la cabeza de la municipalidad revolucionaria de París, actuó como verdadero dictador. Ante la inseguridad del resultado de las elecciones y ligada su suerte a la del municipio insurreccional, este hombre no halló más que un recurso: difundir el terror.

Robespierre, jacobinismo y revolucion francesa
MAXIMILIANO ROBESPIERRE. Abogado de Arras y diputado de la Constituyente y de la Convención, dominó a esta última asamblea cuando hizo guillotinar a los girondinos, hebertistas y dantonistas. Sucumbió, a su vez, en la guillotina, por haberse obstinado en mantener el régimen de terror sobre el que apoyaba su dictadura.

La noticia del cerco de Verdún por los aliados, propagada por París, el 2 de septiembre, fue la consigna para una matanza general de monárquicos en la capital. Mientras Danton, como ministro de Justicia, ordenaba registros domiciliarios y detenciones en masa, el furor popular, excitado por sanguinarios como Marat, se cebaba en numerosas víctimas acantonadas en las cárceles; fueron asesinados hombres, mujeres y niños, nobles y jueces, sacerdotes y obispos, cuantos parecían sospechosos de simpatías monárquicas.

viernes, 26 de agosto de 2016

Biografía de Napoleón (XIII): el foso sangriento

De lejos, por la sola razón de que así ocurrió y como todas las cosas que han ocurrido, nada parece más fácil, más natural que el establecimiento del Imperio. Un fruto maduro dijérase caer en la mano de Napoleón. Sin embargo, lo mismo que el 18 brumario, ha sido preciso provocar el acontecimiento. Ha sido necesario, además traerlo por el hierro y que se derramara sangre.

Napoleon Bonaparte y Josefina en la coronacion

En la guerra, era uno de los principios más sostenidos por Bonaparte, el de que "toda operación debe llevarse a cabo por un sistema, porque el azar no hace triunfar nada". Así, pues, preferiría renunciar a un éxito inseguro, que confiarse a la suerte. En política no se comportaba de otro modo. Hemos visto que hasta aquí no ha cometido faltas mayores; que ha aprovechado las ocasiones sin apresurarse. Es esto lo que da la medida de sus éxitos, lo que explica su continua ascensión. En los momentos en que la cuestión de la herencia le valió altercados ridículos e irritantes con sus hermanos, con José sobre todo, exclamó ante algunos confidentes: "El Poder es como si fuera mi querida. He hecho demasiado por conquistarla, para dejármela arrebatar, o sufrir que se la codicie. Aunque digáis que el poder ha venido a mí por sí mismo, yo sé cuánto me ha costado de dolores, de insomnios, de combinaciones". La ruptura del Tratado de Amiens, la guerra renaciente con Inglaterra, iban a crear la circunstancias por las que sube aún más alto que donde ya estaba. Sin embargo, no ha de alcanzar la corona más que después de haber formado nuevas combinaciones y por intervención de sus cálculos. Tendrá para ello secretos, y bien profundos. Ya como el Augusto de Corneille, su héroe, habla de "este ilustre rango que me ha costado tanta pena"... Pronto redondeará el verso del poeta trágico. Añadirá la sangre.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Biografía de Napoleón (XII): la ilusión de Amiens

1801, 1802 y principios de 1803: he aquí los meses afortunados de Napoleón, no exentos de preocupaciones para el primer Cónsul. Francia, en cambio, se "abandona a las más brillantes quimeras"; cree haber llegado a puerto, haber echado el ancla, haber encontrado la paz.

Paz de Amiens y Napoleon Bonaparte

A un país que, aun cansado de la guerra, no quería paz sin honor, es decir, sin las fronteras naturales, el primer Cónsul le traía lo que le había prometido. Cumplía puntualmente el encargo. Francia, aplaudiéndole, se aplaudía a sí misma por haber elegido tan bien, haber calculado con tal acierto, haberse confiado al hombre que colmaba sus deseos. Paz dentro y fuera, grandeza, prosperidad, descanso. Es la recompensa de largos esfuerzos y el fin de una pesadilla. Sensación de felicidad casi indecible para un pueblo que desde hace diez años lleva una vida convulsiva en la guerra civil y en la guerra exterior. No sabe que no es más que un alto. Pero goza del premio hasta el punto de que para recuperar las delicias del Consulado, paraíso fugitivo, sueño que había podido tocar con su mano, vivir con realidad, estará dispuesto, durante diez años, a hacer otro vez la guerra.